En «Los siguientes» de Pedro Simón, los cuidados
Un terremoto familiar que pone a prueba los vínculos, los afectos y los silencios acumulados
En «Los siguientes» de Pedro Simón, los cuidados se plantean como un terremoto familiar que pone a prueba los vínculos, los afectos y los silencios acumulados. La novela narra cómo tres hermanos —Carmen, Darío y Gabriel— se turnan para cuidar a su padre viudo, Antonio, un octogenario que empieza a necesitar ayuda para las tareas más básicas. Cada uno vive esa obligación de manera distinta, y esa diferencia es precisamente el motor de la historia.
La propuesta central: repartir los cuidados
El plan que acuerdan los tres hermanos es compartir al padre a partes iguales. Antonio pasa dos meses en casa de cada uno, con su vieja bolsa de viaje, en un ciclo que se repite. Al principio parece una solución justa, pero pronto se convierte en un espejo que revela las diferencias, las heridas y los rencores de cada hijo.
La novela se estructura precisamente así: un capítulo narrado por Carmen, otro por Darío, otro por Gabriel, y así tres vueltas completas. Cada voz cuenta su experiencia de convivir con el padre y de enfrentarse a lo que significa cuidarlo.
Carmen: el peso de ser mujer y «la que se queda»
Carmen es la hija menor, auxiliar de enfermería, madre soltera, metódica y perfeccionista. Es quien asume la mayor parte del cuidado real: llevarlo al médico, controlar las medicinas, la dieta, la higiene. La novela subraya que ella tenía «tres bonitas papeletas» para hacerse cargo: vivía cerca, trabajaba con ancianos y era mujer.
Su planteamiento del cuidado es el del control y la responsabilidad. Pero también es el de la culpa constante: se siente culpable si no está, culpable si el hermano no le ha dado las medicinas, culpable si piensa en internarlo en una residencia. Ella es el retrato de esas 9 de cada 10 cuidadoras familiares en España que son mujeres.
«El primer día que tuve que limpiarle el culo a mi padre, me mentí diciéndome que era igual que cuando se lo limpiaba a mi hijo».
Carmen lo vive con una mezcla de deber, amor y agotamiento. Y no, no es lo mismo. Ella lo sabe, pero se lo repite para poder hacerlo.
Darío: el cuidado como compañía y ligereza
Darío es el mediano, un «bala perdida», guardia jurado, alguien que no ha encontrado su lugar en la vida. Su planteamiento del cuidado es radicalmente distinto al de Carmen: no trata a su padre como a un niño, no lo sobrecarga de controles, no le impone rutinas. Su prioridad es que Antonio esté contento y cómodo.
Lo que busca Darío es que el padre pueda jugar al dominó con amigos, que converse con viejos conocidos, que disfrute con películas del Oeste. Es un cuidado más relajado, más emocional que práctico. Y aunque sus hermanos puedan pensar que se escaquea, cuida a su padre con devoción, a su manera.
Su relación con Antonio es quizá la menos conflictiva, la más sencilla. No hay grandes heridas entre ellos. Solo un hijo que quiere que su padre esté bien, sin complicarse demasiado.
Gabriel: el cuidado atravesado por el rencor
Gabriel es el mayor, el exitoso, el que tiene dinero y estabilidad. Pero su relación con Antonio está rota desde hace ocho años, cuando ocurrió algo que la novela no desvela de inmediato pero que el lector intuye: Antonio dejó caer a Hernán, el hijo de Gabriel, cuando era un bebé, provocándole una parálisis cerebral.
Gabriel cuida a su padre, sí, pero lo hace desde el resentimiento. Lo cuida pagando a una cuidadora, la «filipina» que se ocupa de todo con automatismo. Viaja para no estar, para no recordar. Su planteamiento del cuidado es el del deber cumplido sin afecto: paga, organiza, pero no está.
«Viendo a mi padre sentado al lado de Hernán, he sentido lástima y he sentido odio».
La novela lo describe como un tratado sobre el resentimiento: injusto, visceral, cruel, pero profundamente humano. Gabriel se debate entre el deseo de perdonar y la imposibilidad de hacerlo.
Antonio: el padre que se sabe «los siguientes»
Antonio, el padre, es el personaje que más duele. Un hombre que fue fuerte y autosuficiente y que ahora depende por completo de sus hijos. La novela le da voz para expresar lo que siente: la vergüenza, la culpa, la sensación de ser una carga.
«La de veces que escogí no molestaros y no os dije cómo me sentía».
«Envejecer es quitarse del medio».
«Yo siempre me quise morir antes de que mis hijos lo desearan».
Es la constatación de que el anciano se da cuenta de que estorba, de que ve cómo le tratan con un paternalismo cruel, de que percibe la impaciencia.
Antonio pertenece a esa generación que la novela llama «PNM» (Por No Molestar): acepta todo lo que sus hijos deciden por él, se calla, se adapta. Su dolor es más interno que visible.
El telón de fondo: la familia como herida y refugio
Pedro Simón plantea en la novela que no hay manuales para cuidar, no hay normas, no hay una ética hegemónica que diga lo que está bien o mal. Cada hijo hace lo que puede, con todo el amor del mundo, pero también con todo el cansancio, la frustración y los sentimientos encontrados.
El autor insiste en que cuidar a un padre es sentirlo todo: reparo, pena, asco, amor, culpa. Si no estuviera todo eso, no seríamos humanos. Y la familia, con todas sus heridas, sigue siendo «la gran verdad», el puerto refugio al que uno vuelve cuando las cosas van mal, el lugar de las segundas oportunidades y la redención.
En definitiva, «Los siguientes» plantea los cuidados no como una tarea uniforme, sino como tantas formas de cuidar como personas hay en una familia. Carmen cuida con control y culpa; Darío, con ligereza y compañía; Gabriel, con dinero y rencor. Y Antonio, el padre, sobrevive como puede en medio de todos ellos, sabiendo que él es el siguiente en la fila, y que detrás vienen sus hijos.
No hay manuales para cuidar. No hay normas. No hay una ética hegemónica que diga lo que está bien o mal.
Cada hijo hace lo que puede, con todo el amor del mundo, pero también con todo el cansancio, la frustración y los sentimientos encontrados. Porque cuidar a un padre es sentirlo todo.
Si esta reflexión sobre los cuidados te ha resonado, compártela con alguien que también esté cuidando.
«La familia, con todas sus heridas, sigue siendo la gran verdad.»
Comparte este artículo con quien lo necesiteMaquetado con estándares de accesibilidad web.
No hay comentarios:
Publicar un comentario