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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Pasos hacia una nueva vejez

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Presentación de «Pasos hacia una nueva vejez»

Una brújula para quienes cuidan

Portada del libro «Pasos hacia una nueva vejez», de Javier Yanguas
✦ «Pasos hacia una nueva vejez», de Javier Yanguas ✦

Pasos hacia una nueva vejez. Los grandes retos sociales y emocionales de la madurez es un ensayo del gerontólogo y doctor en Psicología Javier Yanguas, publicado por Ediciones Destino en 2021. Yanguas es director científico del Programa de Mayores de la Fundación «la Caixa» y lleva más de tres décadas trabajando con personas mayores.

Aunque el título pueda sugerir un libro «solo para mayores», el propio autor aclara que no es así: «No es un libro pensado en los que son ahora mayores sino en toda la sociedad y, en particular, en quienes somos adultos y vemos que la vejez no está tan lejos». Es, en realidad, una reflexión sobre el cuidado, el compromiso, la interdependencia y el sentido de la vida en su conjunto.

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Las tres etapas de la vejez: entender para poder cuidar

Uno de los aportes más valiosos del libro para los cuidadores es su modelo de las tres etapas de la vejez. No son fases rígidas ni sucesivas, y no todo el mundo pasa por todas ellas, pero ofrecen un mapa para comprender la heterogeneidad de esta etapa.

🌱 Primera vejez

Características: la persona supera los 65 pero no se siente «vieja». La jubilación es el inicio de una nueva vida, no el final. Aún hay margen para proyectos, deseos y aspiraciones. Suelen ser el centro de gravedad de la solidaridad familiar: cuidan de padres y de nietos.

Implicación para el cuidador: en esta etapa, el cuidador todavía no es cuidador. La persona mayor es activa, autónoma y, a menudo, cuidadora de otros.

🌿 Segunda vejez

Características: comienza cuando la salud y el dinamismo empiezan a decaer. Aparece la fragilidad, la brecha entre deseos y posibilidades se agranda. Surgen miedos y la amenaza del aislamiento. Se produce una inversión de la solidaridad familiar: la persona mayor pasa de cuidadora a receptora de cuidados.

Implicación para el cuidador: aquí nace el cuidador familiar. Es el momento de empezar a organizarse, pedir ayuda, conocer los recursos disponibles.

🍂 Tercera vejez

Características: puede aparecer pérdida de autonomía y necesidad de atenciones. No todos pasan por ella. Es la etapa de la interdependencia. El reto es combatir el aislamiento y garantizar una calidad de vida digna que respete los derechos, intereses y preferencias de la persona.

Implicación para el cuidador: el cuidado se intensifica. La coordinación de apoyos (profesionales, familiares, institucionales) se vuelve esencial. El autocuidado del cuidador pasa a ser una prioridad absoluta.

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Los grandes retos que el libro pone sobre la mesa

Yanguas no evita las preguntas difíciles. Las formula explícitamente, y son las mismas que muchos cuidadores se hacen en silencio:

¿Debemos sacrificar nuestro proyecto vital para cuidar de nuestros mayores?

El autor reconoce la tensión entre las aspiraciones personales y la responsabilidad del cuidado, un conflicto que atraviesa a toda una generación.

¿Quién y cómo nos cuidará si no tenemos hijos o viven lejos?

Con la natalidad en descenso y las familias dispersas geográficamente, el modelo tradicional de cuidado familiar se tambalea.

¿Necesitamos un proyecto personal y colectivo para afrontar esta etapa?

Yanguas defiende que la vejez no es solo descanso, sino una etapa de desarrollo personal y contribución.

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La soledad: el enemigo silencioso

Yanguas es contundente: «La soledad daña más la salud que el tabaco y la obesidad». No es una exageración. La soledad no deseada genera enfermedad y muerte, y afecta especialmente a las personas mayores.

Para los cuidadores, esto es doblemente relevante. Por un lado, la persona cuidada puede estar sufriendo una soledad profunda que no siempre se expresa. Por otro, el propio cuidador también se aísla: deja de ver amigos, deja de salir, se encierra en la burbuja del cuidado.

«Tenemos que militar en la interdependencia», retejer relaciones, comprometernos con los demás, salir del individualismo que caracteriza a nuestras sociedades.

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La crítica al «envejecimiento activo» como fórmula mágica

Una de las aportaciones más provocadoras del libro es su matiz sobre el concepto de «envejecimiento activo». Yanguas no lo rechaza, pero advierte que no es suficiente y que a veces se convierte en una carga más.

«Tenemos un modelo de vejez pensando en hacer y hacer. Hay mayores que no llevan una vida activa sino hiperactiva».

Para el cuidador, esto es un alivio: no se trata de que tu padre o tu madre «se mantengan activos» a toda costa. A veces, lo que necesitan es presencia, compañía, afecto. Yanguas señala que la tecnología y las actividades pueden ayudar, pero «nunca podrá ofrecer el afecto o la compañía que da el contacto humano».

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Lo que este libro ofrece al cuidador

1. Un mapa para entender en qué etapa está tu familiar y qué puedes esperar

No todos los mayores de 65 son iguales. Tu padre o tu madre puede estar en la primera vejez (activo, autónomo) o en la segunda (frágil, necesitado de ayuda). Saber en qué punto está te ayuda a ajustar tus expectativas y tus cuidados.

2. Un marco para pensar el cuidado como un pacto social, no solo como una obligación familiar

Yanguas plantea que construir una colectividad basada en los cuidados es un objetivo decisivo para nuestra sociedad. Esto significa que el cuidado no es solo tu problema: es un reto colectivo que exige respuestas políticas, comunitarias y familiares.

3. Una invitación a reflexionar sobre tu propio proyecto vital

El libro no solo habla de los mayores. Habla de ti. De qué quieres hacer con los años que te quedan. De la importancia de tener un proyecto, de comprometerte, de buscar sentido. Porque «la vida no es solo placer, también es compromiso, búsqueda de sentido».

4. Una llamada a la acción contra el edadismo

Yanguas denuncia que «nuestra sociedad sigue viendo la vejez como el tiempo del desecho». Critica la mirada edadista que trata los últimos años como «tiempo de descuento en el partido de la vida». Para el cuidador, esto es un recordatorio: cuidar a un mayor es cuidar a alguien que sigue siendo una persona plena, con derechos, intereses y dignidad.

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«No sabemos quiénes somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja.»

— Simone de Beauvoir, citada por Yanguas

Cuidar a tus padres es, de alguna manera, cuidar a tu propio yo futuro. Yanguas te invita a reconocerte en ellos, a no darles la espalda, a entender que envejecer no es una enfermedad, sino una etapa más de la vida.

📖 Ficha del libro

Pasos hacia una nueva vejez (2021, Ediciones Destino, 280 páginas) está disponible en librerías y plataformas digitales.

Una lectura recomendada para quienes quieren cuidar con más comprensión, menos culpa y más humanidad.

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«Reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja.»

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Etiqueta: Libros

Publicado el

© 2025 · Escrito con ✧ por Maluisse

Stand By Me

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Stand By Me

Una guía para navegar el cuidado moderno y significativo

✦ Cuidar es un acto de amor, pero también una habilidad que se puede aprender ✦

Stand By Me: A Guide to Navigating Modern, Meaningful Caregiving es un libro de la psicóloga clínica Allison J. Applebaum, publicado en 2024, que ofrece una guía compasiva y práctica para cuidadores familiares no remunerados, combinando su experiencia clínica con su propia vivencia personal como cuidadora principal de su padre, el legendario compositor Stanley Applebaum, al final de su vida.

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👩‍⚕️ La autora y su autoridad

Applebaum es la fundadora de la Caregivers Clinic, la primera clínica en Estados Unidos dedicada exclusivamente a atender las necesidades de los cuidadores familiares. Su enfoque parte de una premisa fundamental: la fortaleza y el bienestar del cuidador son el factor determinante de la experiencia de enfermedad del paciente.

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📖 ¿De qué trata el libro?

El libro aborda los desafíos emocionales y prácticos del cuidado desde una perspectiva integral, ofreciendo herramientas para:

Navegar el sistema sanitario

Cómo obtener lo mejor de cualquier sistema de salud y comunicarse eficazmente con los profesionales médicos.

Planificación anticipada del cuidado

Tomar decisiones informadas sobre el futuro sin dejar cabos sueltos.

Gestionar los cambios de roles y relaciones

Cómo evolucionan los vínculos familiares cuando se asume el rol de cuidador.

Lidiar con la incertidumbre y la ansiedad

Estrategias para manejar la carga emocional y el estrés.

Encontrar sentido y propósito

Transformar la experiencia de cuidado en algo significativo y de crecimiento personal.

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💡 El enfoque central

La tesis que atraviesa todo el libro es que cuidar es un acto de amor, pero también una habilidad que se puede aprender. Applebaum reconoce a los cuidadores como miembros invaluables del equipo de salud, no como simples acompañantes. El libro busca empoderar al cuidador para que pueda ofrecer la mejor calidad de vida posible a su ser querido, sin sacrificar su propio bienestar en el proceso.

La fortaleza y el bienestar del cuidador son el factor determinante de la experiencia de enfermedad del paciente.

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🗂️ Estructura y temas de los capítulos

El índice revela un recorrido que va desde la comprensión del rol hasta la transformación personal:

Capítulo Tema
Prelude El dilema de la causalidad del cuidado
Becoming a storyteller Convertirse en narrador de la propia historia
Embracing the change Abrazar el cambio
A master class in mindfulness Clase magistral de mindfulness
Combating ageism Combatir el edadismo y otras discriminaciones
Care is not one-size-fits-all El cuidado no es talla única
The caregiving house of cards La casa de naipes del cuidado
Team sports Deportes de equipo (trabajo en red)
Surfing the waves of grief Surfear las olas del duelo
Finding meaning in caregiving Encontrar sentido en el cuidado
Stepping into the spotlight Salir al centro de atención
Forever changed by caregiving Cambiado para siempre por el cuidado
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🎯 Para quién es este libro

Stand By Me está dirigido a cuidadores familiares no remunerados: hijos, padres, parejas, hermanos y amigos de personas enfermas. Es una lectura que busca validar la experiencia del cuidador y ofrecerle un marco para entender que su papel es esencial, y que su bienestar importa tanto como el de la persona a la que cuida.

Cuidar es un acto de amor, pero también una habilidad que se puede aprender.

Los cuidadores son miembros invaluables del equipo de salud, no simples acompañantes. Y su bienestar importa tanto como el de la persona a la que cuidan.

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«La fortaleza y el bienestar del cuidador son el factor determinante de la experiencia de enfermedad del paciente.»

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© 2025 · Escrito con ✧ por Maluisses

Keeper One House, Three Generations, and a Journey into Alzheimers de Andrea Gillies

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Cuando la memoria se derrumba, ¿cómo sobrevive el cuidador?

Cinco claves de Keeper, de Andrea Gillies

Reloj de arena sobre una mesa, símbolo del tiempo y la memoria
✦ Keeper, de Andrea Gillies: un memoir que no ofrece placebos ✦

Keeper: One House, Three Generations, and a Journey into Alzheimer's es un memoir publicado en 2009 por la periodista británica Andrea Gillies. Narra su experiencia como cuidadora principal de su suegra Nancy, diagnosticada con Alzheimer, mientras vivía en una remota península del norte de Escocia con su marido, sus tres hijos y sus suegros. El libro ganó el Wellcome Trust Book Prize 2009 y el Orwell Prize 2010.

A diferencia de la mayoría de las guías de cuidado, Keeper se niega a ofrecer el consuelo de que «todo va a estar bien». Como explica la propia Gillies, todas las guías que encontró en las librerías transmitían el mismo mensaje: que si el cuidador hacía las cosas bien, la felicidad del enfermo de demencia dependía de ello. Después de vivirlo en carne propia, concluyó: «Eso es una tontería.»

«Un relato admonitorio sin barnices, que demuestra que cualquiera que asuma el cuidado por ceguera o por culpa se está subiendo a una rampa resbaladiza hacia la autodestrucción.»

— Kirkus Reviews

Pero precisamente por eso tiene un valor inmenso para los cuidadores actuales. Estas son las cinco aportaciones más importantes del libro.

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1. Perder la memoria es perder el yo: la esencia más cruel del Alzheimer

La tesis central de Gillies es que lo más pernicioso del Alzheimer no es la pérdida de memoria en sí, sino que la pérdida de memoria equivale a la pérdida del yo.

«No tenemos cerebros; somos nuestros cerebros. Pierde el uso de tu cerebro por grados y el yo es despojado capa por capa.»

Esto desafía nuestra comprensión tradicional de la memoria. Solemos pensar en ella como una biblioteca o un archivo al que podemos acceder cuando queremos. Pero la verdad, explica Gillies, es que la memoria es un proceso orquestal, sostenido por millones de neuronas trabajando en concierto. El «yo» también es un proceso, no algo fijo: se va construyendo y reconstruyendo constantemente, y por eso también puede desmantelarse.

Para el cuidador, entender esto significa dejar de ver el «olvido» como un acto de voluntad y empezar a verlo como un cambio en el estado del ser. Nancy no «no quiere» recordar el nombre de sus nietos; su cerebro ha perdido la capacidad de construir el proceso de recordar. Nancy ya no es «esa persona» porque las redes neuronales que la constituían están siendo erosionadas por las placas y los ovillos.

Implicación práctica: Cuando te enfrentas a un ser querido que ya no te reconoce, no te enfrentas a una persona «terca» o «que no colabora», sino a un sistema nervioso que está experimentando la desintegración de su yo. Esto no hace que el cuidado sea más fácil, pero puede reducir la rabia y la frustración innecesarias, porque entiendes que no es algo dirigido contra ti.

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2. Los cuidadores también «se demencian»: el colapso cognitivo del cuidador es real

Una de las confesiones más impactantes de Keeper es cuando Gillies documenta sus propios síntomas de lo que ella llama «demencia del cuidador».

Describe cómo empezó a olvidar cosas, a no encontrar las palabras, a perder el hilo de sus pensamientos, a volverse «analfabeta matemática», a necesitar hacer listas para retener algo. Escribe: «Empecé a convencerme de que tenía Alzheimer de inicio temprano.»

No era hipocondría. La investigación ha demostrado que el estrés crónico del cuidado tiene efectos medibles sobre la función cognitiva. La «demencia del cuidador» de Gillies era la respuesta normal de su cuerpo y su cerebro al estrés crónico, la privación de sueño, el agotamiento emocional y el estado de alerta constante.

Implicación práctica: Si notas que te vuelves olvidadizo, que te cuesta concentrarte, que tu mente se nubla, no es que te hayas «vuelto tonto» ni que «no sirvas para cuidar». Es tu cerebro respondiendo a una presión insostenible. Lo que necesita es descanso y apoyo, no autocrítica. Si sabes reconocer esta señal, se convierte en una alerta temprana que te obliga a buscar ayuda antes de colapsar del todo.

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3. Las emociones oscuras del cuidador no son un fracaso moral: son la verdad humana

Lo radical de Keeper es que se niega a embellecer el cuidado. Gillies no oculta las emociones vergonzosas: el resentimiento, la rabia, el impulso de huir, el deseo de que todo termine.

The New York Times señaló que Gillies «no se explaya sobre cómo cuidar a una mujer cada vez más exigente y agresiva ha llenado sus días de alegría, ni dice que Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar». En su lugar, el lector encuentra pasajes como este: se despierta en mañanas oscuras sintiéndose desesperada, temerosa de «no poder más», sintiendo que está «fallando, con un D menos», y con «pensamientos y sentimientos de los que me avergüenzo. Resentimiento. Arrepentimiento.»

En una entrevista con The Guardian, Gillies confiesa que Nancy pasó de ser una abuela cariñosa a una «arpía vociferante» que abofeteaba a sus nietas, llamaba a su querido nieto «bastardo, gilipollas y puta», no usaba los cubiertos, se negaba a bañarse, se metía el papel higiénico usado en las mangas, se agachaba en el suelo para orinar y escondía sus heces detrás de los libros de bolsillo en la biblioteca.

Implicación práctica: Si alguna vez has sentido rabia hacia tu padre o tu madre enfermos, si alguna vez has deseado que esto acabe pronto, si alguna vez has sentido un atisbo de alivio cuando descansan, no eres un monstruo. Estas emociones son reacciones psicológicas casi inevitables en el cuidado prolongado. La vergüenza no las hace desaparecer; solo te aísla más. Gillies te muestra con su ejemplo que estos sentimientos se pueden nombrar, escribir, reconocer, y que sigues siendo una persona que ama.

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4. La buena intención, el amor y «la decisión correcta» pueden tener consecuencias desastrosas

El arco narrativo más desgarrador de Keeper es cómo Gillies y su marido tomaron la decisión más bienintencionada posible, y resultó ser la peor para Nancy.

Vendieron su casa familiar, se mudaron a una gran mansión remota, y trajeron a Nancy y Morris a vivir con ellos, con la esperanza de que «el amor de una familia multigeneracional» amortiguara el declive de Nancy. Gillies admite en una entrevista: «Pensé que si llevábamos a Nancy a nuestra casa, la exponíamos 24/7 al amor familiar, con nietos cariñosos, de alguna manera amortiguaríamos su declive. Eso fue completamente erróneo.»

Con el tiempo comprendió que su decisión significó que Nancy se mudara de su hogar familiar a tres entornos desconocidos en pocos años. «Creo que, en esencia, lo que hicieron fue lo peor posible.»

Más importante aún: Gillies reconoce que asumió «con bastante arrogancia» que el mal comportamiento de los enfermos de demencia —la hostilidad, la rabia, la violencia— estaba relacionado con «factores externos», con que «no se les cuidaba bien». No es así. Esos comportamientos son el resultado de la erosión física que la enfermedad produce en el cerebro.

Implicación práctica: El amor y la buena intención son condiciones necesarias, pero no suficientes. Las decisiones correctas deben basarse en la comprensión de la naturaleza de la enfermedad, no en el deseo emocional. Mudar a una persona con demencia moderada o avanzada, aunque sea por amor, puede acelerar su deterioro. Antes de tomar decisiones trascendentales, comprender las características de cada etapa y la dependencia del entorno es más importante que el romanticismo de «reunir a la familia».

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5. Lo más difícil no es cuidar, sino «importarle a uno»

En la parte final del libro, Gillies escribe:

«No es el cuidado lo que me agota, sino importarme. Es el importarme lo que va a enfermarme.»

Esta frase captura el núcleo del dilema del cuidador. Puedes aprender todas las técnicas —cambiar apósitos, alimentar, manejar conductas difíciles—, pero lo más duro es la implicación emocional sostenida. Cuando Nancy llama «puta» a Gillies, cuando no la reconoce, cuando esconde sus heces entre los libros, Gillies tiene que hacer un trabajo emocional constante: decirse «no es Nancy, es la enfermedad», «ella fue alguien que te quiso», «lo estás haciendo lo mejor que puedes».

Ese trabajo emocional continuo —elegir una y otra vez comprender en lugar de contraatacar, empatizar en lugar de enfadarse— es la parte más agotadora del cuidado. Es invisible, no se reconoce, pero ocurre sin descanso.

Implicación práctica: Si sientes que «el cuidado en sí se puede aguantar, pero emocionalmente ya no puedes más», es normal. No necesitas solo técnicas de cuidado, ni solo más tiempo libre, sino un espacio donde puedas soltar la carga emocional: un grupo de apoyo, un terapeuta, un amigo que te escuche sin juzgar.

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Epílogo

Keeper no es un libro que consuela. No promete «cinco pasos para que cuidar sea fácil». Registra una experiencia «empapada hasta la médula de un sentimiento de derrota».

Pero precisamente por eso tiene un valor insustituible para los cuidadores de hoy. En una cultura del cuidado saturada de «pensamiento positivo» y «autocuidado», Gillies ofrece una contranarrativa honesta:

  • 🌿 Puedes amar a alguien y, al mismo tiempo, odiar cuidarlo.
  • 🌿 Puedes dar lo mejor de ti y, al mismo tiempo, sentir que estás fracasando.
  • 🌿 Puedes tomar decisiones correctas y, al mismo tiempo, ver cómo producen resultados dolorosos.
  • 🌿 Puedes ser una buena persona y, al mismo tiempo, tener pensamientos que te avergüenzan.

Este memoir es, en última instancia, sobre sobrevivir. No la supervivencia de la «victoria», no la supervivencia de «vencer al Alzheimer» (eso es imposible), sino la supervivencia de seguir adelante sabiendo que no se puede ganar.

Como escribe Gillies al final, después de todo esto, emerge con «asombro y gratitud hacia un cerebro que funciona». Ese asombro, esa conciencia de que todavía tienes tu memoria intacta, tu yo intacto, es quizás el regalo más profundo que un cuidador puede recibir al acompañar a otra persona en su disolución.

Keeper ganó el Orwell Prize y el Wellcome Trust Book Prize en 2010. Andrea Gillies vive en St. Andrews, Escocia.

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«No es el cuidado lo que me agota, sino importarme.»

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© 2025 · Escrito con ✧ por Maluisses

"Los siguientes" de Pedro Simón

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En «Los siguientes» de Pedro Simón, los cuidados

Un terremoto familiar que pone a prueba los vínculos, los afectos y los silencios acumulados

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En «Los siguientes» de Pedro Simón, los cuidados se plantean como un terremoto familiar que pone a prueba los vínculos, los afectos y los silencios acumulados. La novela narra cómo tres hermanos —Carmen, Darío y Gabriel— se turnan para cuidar a su padre viudo, Antonio, un octogenario que empieza a necesitar ayuda para las tareas más básicas. Cada uno vive esa obligación de manera distinta, y esa diferencia es precisamente el motor de la historia.

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La propuesta central: repartir los cuidados

El plan que acuerdan los tres hermanos es compartir al padre a partes iguales. Antonio pasa dos meses en casa de cada uno, con su vieja bolsa de viaje, en un ciclo que se repite. Al principio parece una solución justa, pero pronto se convierte en un espejo que revela las diferencias, las heridas y los rencores de cada hijo.

La novela se estructura precisamente así: un capítulo narrado por Carmen, otro por Darío, otro por Gabriel, y así tres vueltas completas. Cada voz cuenta su experiencia de convivir con el padre y de enfrentarse a lo que significa cuidarlo.

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Carmen: el peso de ser mujer y «la que se queda»

Carmen es la hija menor, auxiliar de enfermería, madre soltera, metódica y perfeccionista. Es quien asume la mayor parte del cuidado real: llevarlo al médico, controlar las medicinas, la dieta, la higiene. La novela subraya que ella tenía «tres bonitas papeletas» para hacerse cargo: vivía cerca, trabajaba con ancianos y era mujer.

Su planteamiento del cuidado es el del control y la responsabilidad. Pero también es el de la culpa constante: se siente culpable si no está, culpable si el hermano no le ha dado las medicinas, culpable si piensa en internarlo en una residencia. Ella es el retrato de esas 9 de cada 10 cuidadoras familiares en España que son mujeres.

«El primer día que tuve que limpiarle el culo a mi padre, me mentí diciéndome que era igual que cuando se lo limpiaba a mi hijo».

Carmen lo vive con una mezcla de deber, amor y agotamiento. Y no, no es lo mismo. Ella lo sabe, pero se lo repite para poder hacerlo.

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Darío: el cuidado como compañía y ligereza

Darío es el mediano, un «bala perdida», guardia jurado, alguien que no ha encontrado su lugar en la vida. Su planteamiento del cuidado es radicalmente distinto al de Carmen: no trata a su padre como a un niño, no lo sobrecarga de controles, no le impone rutinas. Su prioridad es que Antonio esté contento y cómodo.

Lo que busca Darío es que el padre pueda jugar al dominó con amigos, que converse con viejos conocidos, que disfrute con películas del Oeste. Es un cuidado más relajado, más emocional que práctico. Y aunque sus hermanos puedan pensar que se escaquea, cuida a su padre con devoción, a su manera.

Su relación con Antonio es quizá la menos conflictiva, la más sencilla. No hay grandes heridas entre ellos. Solo un hijo que quiere que su padre esté bien, sin complicarse demasiado.

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Gabriel: el cuidado atravesado por el rencor

Gabriel es el mayor, el exitoso, el que tiene dinero y estabilidad. Pero su relación con Antonio está rota desde hace ocho años, cuando ocurrió algo que la novela no desvela de inmediato pero que el lector intuye: Antonio dejó caer a Hernán, el hijo de Gabriel, cuando era un bebé, provocándole una parálisis cerebral.

Gabriel cuida a su padre, sí, pero lo hace desde el resentimiento. Lo cuida pagando a una cuidadora, la «filipina» que se ocupa de todo con automatismo. Viaja para no estar, para no recordar. Su planteamiento del cuidado es el del deber cumplido sin afecto: paga, organiza, pero no está.

«Viendo a mi padre sentado al lado de Hernán, he sentido lástima y he sentido odio».

La novela lo describe como un tratado sobre el resentimiento: injusto, visceral, cruel, pero profundamente humano. Gabriel se debate entre el deseo de perdonar y la imposibilidad de hacerlo.

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Antonio: el padre que se sabe «los siguientes»

Antonio, el padre, es el personaje que más duele. Un hombre que fue fuerte y autosuficiente y que ahora depende por completo de sus hijos. La novela le da voz para expresar lo que siente: la vergüenza, la culpa, la sensación de ser una carga.

«La de veces que escogí no molestaros y no os dije cómo me sentía». «Envejecer es quitarse del medio».

«Yo siempre me quise morir antes de que mis hijos lo desearan».

Es la constatación de que el anciano se da cuenta de que estorba, de que ve cómo le tratan con un paternalismo cruel, de que percibe la impaciencia.

Antonio pertenece a esa generación que la novela llama «PNM» (Por No Molestar): acepta todo lo que sus hijos deciden por él, se calla, se adapta. Su dolor es más interno que visible.

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El telón de fondo: la familia como herida y refugio

Pedro Simón plantea en la novela que no hay manuales para cuidar, no hay normas, no hay una ética hegemónica que diga lo que está bien o mal. Cada hijo hace lo que puede, con todo el amor del mundo, pero también con todo el cansancio, la frustración y los sentimientos encontrados.

El autor insiste en que cuidar a un padre es sentirlo todo: reparo, pena, asco, amor, culpa. Si no estuviera todo eso, no seríamos humanos. Y la familia, con todas sus heridas, sigue siendo «la gran verdad», el puerto refugio al que uno vuelve cuando las cosas van mal, el lugar de las segundas oportunidades y la redención.

En definitiva, «Los siguientes» plantea los cuidados no como una tarea uniforme, sino como tantas formas de cuidar como personas hay en una familia. Carmen cuida con control y culpa; Darío, con ligereza y compañía; Gabriel, con dinero y rencor. Y Antonio, el padre, sobrevive como puede en medio de todos ellos, sabiendo que él es el siguiente en la fila, y que detrás vienen sus hijos.

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No hay manuales para cuidar. No hay normas. No hay una ética hegemónica que diga lo que está bien o mal.

Cada hijo hace lo que puede, con todo el amor del mundo, pero también con todo el cansancio, la frustración y los sentimientos encontrados. Porque cuidar a un padre es sentirlo todo.

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«La familia, con todas sus heridas, sigue siendo la gran verdad.»

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